LOS AÑOS VEINTE: LA MÚSICA QUE DEFINIRÁ UNA DÉCADA

La industria musical jamás ha disfrutado de mejor salud. Cada año se agotan las entradas de miles de conciertos en todo el mundo, se producen millones de horas de música y se venden decenas de fonógrafos. Pero si tenemos que hacer un ejercicio de imaginación, ¿qué nos espera en los próximos años? ¿Aviación comercial? ¿Penicilina? ¿Sufragio universal? En primicia absoluta, os proponemos veinte canciones que definirán la música de los locos años veinte: DE 1920 A 1929*.

1. The Charleston (1923, música de James P. Johnson / letra de Cecil Mack)

Agárrate bien a tu pareja de baile porque nuestra primera propuesta no es apta para cardíacos. Se acabó el mantener la distancia y los pasos milimetrados, presentamos el charlestón: movimientos espasmódicos, rodillas de chicle y mucho ritmo, esta música hará las delicias de los acérrimos del twerking. Importante hacer estiramientos antes.

2. Ain’t Misbehavin’ (1929, Thomas “Fats” Waller y Harry Brooks / Andy Razaf) 

Gracias a las primeras grabaciones de blues y a la evolución del jazz, con canciones como esta podrás vivir tu propia película de Woody Allen mientras te quejas de tu ansiedad existencial y persecución mediática desde un ático en el corazón de Manhattan.

3. West End Blues (1928, Joe “King” Oliver / Clarence Williams)

El trap tiene los días contados. Las modas cada vez pasan más rápido, y con la llegada de la electricidad y los vehículos de automoción, los jóvenes pierden la cabeza por la improvisación vocal conocida como scat. Aquí el célebre trompetista Louis Armstrong nos recuerda aquel momento mágico cuando fingimos saber la letra de una canción por primera vez. Todo el mundo se da cuenta, nadie dice nada. Puro arte.

4. It Had To Be You (1924, Isham Jones / Gus Kahn)

El letrista Gus Kahn lo deja bien claro: “tenías que ser tú”. Y es que no hay nada más romántico que ser presa del destino. No tienes más opciones, o te quedas con esa persona que te trata regular o mueres solo, no hay más. Todo muy sano. Ahora mira fijamente al abismo y cántalo.

05. Makin’ Whoopee (1928, Walter Donaldson / Gus Kahn)

Gus Kahn ataca de nuevo: sí, cuando habla de “hacer whoopee” está hablando de sexo. La versión del crooner Bing Crosby es especialmente lasciva. Crosby, que también hizo sus pinitos en el místico arte del yodel, tendrá cara de chico bueno pero mucho cuidado, es un verdadero imán para los ovarios.

06. Mack the Knife (1928, Kurt Weill / Bertolt Brecht)

Popular estándar entre las bandas de jazz, esta canción nace como parte de ‘La ópera de los tres centavos’, una incisiva crítica al capitalismo en forma de teatro musical. Dicho de otro modo, como ‘Makinavaja, el último choriso’ pero para gente que sabe leer. La versión original en alemán es única en su capacidad de transmitirte la sensación de que el cantante te va a acuchillar antes de que acabe el último verso.

07. Amapola (1920, José María Lacalle García)

Hay más cosas en la vida que el reguetón. Aquí tenemos un conocidísimo pasodoble que, como mucha otra música gangsta, puede que hable de amor no correspondido o puede que hable de adicción a la heroína. Sea como sea, la pasiva-agresividad de versos como “Amapola, lindísima amapola / No seas tan ingrata y ámame” no puede traer nada bueno.

08. Swanee (1919, George Gershwin / Irving Caesar)

Estrenada en octubre de 1919, haremos una excepción por un par de meses al ser una canción tan divertida y vital, sobre todo la versión de Al Jolson en negrísimo blackface. Tendrá tanto éxito que Jolson acabará protagonizando años después, pintado también con betún, ‘El cantante de jazz’, considerado por muchos como el primer filme sonoro de la historia. Para los seguidores de Trump2020 esta versión envejecerá como el buen vino (blanco).

09. Aquellos Ojos Verdes (1929, Adolfo Utrera / Nilo Menéndez)

En esta nueva década, boleros cubanos como el que nos ocupa demuestran que, a la hora de cosificar a tu amada, el reinado de los culos ha terminado. Alguien con muy mal gusto incluso diría que los ojos son los nuevos ojetes — en este caso, verdes. Afortunadamente, no hay sitio en esta revista para chascarrillos tan infames.

10. Das Lila Lied (1920, Mischa Spoliansky / Kurt Schwabach)

Después de demasiados años, y a pesar del gran trabajo de iconos como Cher, Alaska y Judy Garland, esta canción alemana tiene el honor de ser el primer himno LGBT de la historia con versos como: “Somos distintos a los demás / que solo han amado al paso acompasado de la moral”. Por supuesto, hay gente rancia en todas partes, y no tardará en salir una letra alternativa agresivamente heterosexual llamada “Sé mi mujer por veinticuatro horas”. Como para fiarse del compás de la moral.

11. Nessun Dorma (1926, Giacomo Puccini / Giuseppe Adami y Renato Simoni)

La aria estrella, y póstuma, del célebre compositor italiano, muy dada a que la gente se despierte en mitad de la ópera y te explique que Luciano Pavarotti sí que sabía dar la nota. Es comprensible: con canciones como esta uno puede llegar a pensar que todo es posible, como por ejemplo dar opiniones sin saber. Es tu obligación replicar suavemente que esa no es una opinión, es una mierda.

12. Mon Homme (1920, Maurice Yvain / Jacques-Charles y Albert Willemetz)

Este clásico francés entra en la lista, ganando por un margen muy estrecho a esa oda al cáncer que es el tango Fumando Espero (1922), precisamente por la versión de Sarita Montiel que canta versos tan #MeToo como: Si me pega me da igual, es natural / Que me tenga siempre así porque así le quiero”. Casi que preferimos que siga fumando.

13. Jalousie ‘Tango Tzigane’ (1925, Jacob Gade)

Si buscas pasión, este es sin duda el tango gitano danés definitivo.

14. En Tierra Extraña (1927, Manuel Penella)

Concha Piquer, la prima segunda de Rosalía, relata la conmovedora epopeya de españoles en Nueva York intentando encontrar un bar abierto de noche durante la Ley Seca. “Yo pagué a precio de oro una receta / y compré en la farmacia vino español / ¡Vino español, vino español!”. Este pasodoble, junto a la España Cañí (1923) de Pascual Marquina Narro, unirá regiones de España, dominará plazas de pueblo y se convertirá en el hilo musical del gimnasio de Vox.

15. Mamá Yo Quiero Un Novio (1928, Ramón Collazo / Roberto Fontaina)

La lista de la compra en forma de tango. Que no sea por no pedir.

16. Down Hearted Blues (1922, Lovie Austin / Alberta Hunter):

Escrita por dos mujeres, esta canción de blues cantada por Bessie Smith venderá más de dos millones de copias y demostrará que que el talento no tiene nada que ver con la raza, el género o la capacidad de deprimir a la gente. Otro gran blues de la época será Corrine, Corrina (1928), canción que ilustra perfectamente cuando hace tanto tiempo que te ha dejado tu mujer que ya ni recuerdas cómo se escribe su nombre.

17. Tiptoe Through The Tulips (1929, Joe Burke / Al Dubin)

Como una ruleta rusa de emociones, esta es la canción perfecta para brincar por un prado florido de verano. O para poner de fondo en un ascensor. O para recibir la visita de un espectro asesino en mitad de la noche. Sí, como ese que está detrás de ti.

18. Singin’ in the Rain (1929, Nacio Herb Brown / Arthur Freed)

Ahora que la lucha contra el cambio climático está más de moda que nunca, y más nos vale, aprovecha para salir a la calle en una buena noche de lluvia torrencial y pega unas voces. Canta, baila y deja de usar tantos plásticos, joder.

19. A Media Luz (1925, Edgardo Donato / Carlos César Lenzi)

Carlos Gardel, el Luis Fonsi del tango argentino, demostrando el inherente romanticismo de no pagar la factura de la luz. “Hay de todo en la casita / almohadones y divanes / como en botica, cocó / alfombras que no hacen ruido / y mesa puesta al amor“. Aunque las intenciones están más que claras, para quien no hable la jerga porteña aquí viene la guinda del pastel: cocó significa cocaína.

20. Beer Barrel Polka (1927, Jaromír Vejvoda / Václav Zeman)

Sería bonito cerrar con algo como el ‘S Wonderful de los hermanos Gershwin y decir que ese será el sonido de la nueva década — pero no estaríamos engañando a nadie. Probablemente lo que nos espera es una polka checa puesta en bucle a las cinco de la tarde de un martes. Quién sabe, puede que hasta sea lo que necesitamos. Por si acaso, que el nuevo año nos encuentre preparados.

* Perdonadnos la vida, puristas del año cero. Nos vemos en 1921.

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