EL ÚLTIMO PEDIDO

Y ella finge que se lo cree, sonríe y se gira hacia la estantería. Con el suave tintineo de su dedo índice recorre cada tomo hasta dar con el adecuado. Él, sigue con la mirada el camino de su falange buscando donde guarda la petición. Extrae el libro y dejándolo sobre el escritorio lo abre por la mitad, donde un hueco en medio, deja ver la mercancía. Saca dos de los muchos paquetitos envueltos en pequeños trozos de papel de seda y se lo entrega.

– En serio, esta vez sí que lo voy a dejar.