OBEDECE

La estrategia perfecta de Obey (Frank Shepard)

Carne de influencers. Obey es carne de influencers y no puedo evitar reírme para los adentros pensando que Frank Shepard Fairey los ha troleado a todos.

Ahí está ese rectángulo rojo brillante con unas letras blancas contundentes colocado sobre las frentes y las pecheras de los “posers” más expertos.

La actitud en las instantáneas es similar. El rictus belicoso, el cuerpo retorcido, los dedos en forma de V, mirada taciturna, lengua fuera, dejadez estudiada…
Los amos del Mundo.

¿Qué pasaría si les preguntásemos si saben que se esconde detrás de ese atractivo Obey?
La mayoría no tendrían ni idea porque Frank ha convertido a los “amos del Mundo” en un atajo de “zoquetes” al servicio del consumo. Una trampa con picardía.

Antecedentes

Shepard Fairey es diseñador gráfico y uno muy bueno, por cierto…
Es americano y empezó a ser reconocido en el street art por sus pegatinas repetitivas y sobredimensionadas de André El Gigante. El contenido era un absurdo, una trampa para captar la atención, un chascarrillo de lo más ácido para parodiar la propaganda.
“Giant has a posse” (El Gigante tiene una pandilla). Eso rezaban los primeros stickers y carteles, acompañados de una instantánea de André, contrastada “a más no poder”.
Influencias del cartelismo ruso comunista, del pop art y del cómic.

Intuyo que a Shepard le gustó el film “They Live” de John Carpenter y la convirtió en una de sus películas de culto.

¡SPOILER ALERT! (Es broma)
Os recomiendo verla encarecidamente.

Como conclusión, podemos decir sin destrozar el film que es claramente anticapitalista y anticonsumista. Esta es uno de las escenas más destacadas de la cinta.

El discurso de Frank Shepard evolucionó y la gráfica también. Simplificó a André y construyó su famosa firma, Obey, bombardeando espacios colectivos de muchas países.

Aunque estos fueron sus inicios, el proyecto de más trascendencia fue para promocionar a Obama en 2008. Con una mínima inversión, y utilizando un sistema de difusión viral consiguió convertir la gráfica de Hope en la imagen de la campaña.

Póster de Obey en una manifestación

No nos vayamos por los Cerros de Úbeda.
Shepard es un experto en la implantación de una idea. Ha quedado más que demostrado que sabe manejar a la perfección las estrategias del consumo.

Obey Clothing es una broma, una auténtica tomadura de pelo.
Es algo así como el doble tirabuzón de los “chascarrillos”, eso sí, con un plan maestro, elegante y perfecto.

Obey. Obedece. Una marca que se vende masivamente sin cuestionar el fondo del mensaje. Gorras, camisetas, sudaderas…
Quizás lo que piensen la mayoría de los “influencers” es que son ellos los que están troleando al sistema, cuando en realidad, lo que están haciendo es doblar la bisagra y obedecer.

Me imagino al bueno de Sephard, con los pies apoyados encima de la mesa, meciéndose en su asiento con una sonrisa amplia de satisfacción.
También me lo imagino repitiendo entre murmullos:

They Live, We sleep.

Quizás sea un buen momento para ponerse las gafas de Sol y ver la realidad tal y como es.